martes, 21 de noviembre de 2017

¿La física de la realidad o la realidad de la física?



Un gigantesco agujero se alza por encima del horizonte de eventos, un embudo fantasmal y falto de luz que engulle como una bestia colosal una estrella desdichada de ser su hermana. Este monstruo infinito y cruel lleva en su origen la esencia misma de la vida y la verdad del todo, de lo pequeño y de lo inmenso a la vez.

Gigantes de ese calibre nacen de estrellas más grandes que nuestro sol, que tras consumir todo su combustible, (causa, por cierto, de que disfrutemos una calurosa tarde de verano) decaen y comienzan a contraerse sobre si mismas, bajo el implacable poder de la gravedad newtoniana. Esta fuerza, que curva el tramado espacio-temporal, como si se tratara de una sábana de algodón sometida al peso de una bala de acero en su parte media; dobla el espacio-tiempo hasta crear un embudo de paredes verticales de donde ni siquiera la luz, es capaz de escapar. Fuerzas abominables aglutinan los átomos que forman la estrella, hasta no dejar espacios entre los electrones y sus propios núcleos, logrando así, masas descomunales de pesos inimaginables. Cuando la masa de la estrella excede diez veces la masa del nuestro sol, estos núcleos se fusionan con sus electrones hasta convertirse en un punto infinitamente pequeño y denso, dentro del cual las cuatro fuerzas fundamentales en la naturaleza; la electromagnética, la débil, la fuerte y la gravedad, se fusionan de nuevo, como si se tratase de un big-bang en retroceso, destruyendo en el proceso, la física que conocemos. Esta singularidad, como suele llamarse a este fenómeno cósmico, es más común de lo que se pensaba y nos ha dejado un Universo lleno de agujeros negros a diestra y siniestra, que han vuelto el entramado espacio-tiempo un queso gruyere. 

De la física newtoniana que explica porque una bala realiza una trayectoria en el espacio y cae en un punto determinado, hasta la física cuántica que explica lo que sucede en el final de una estrella cuando termina colapsando sobre sí misma en un punto, tratará este pequeño ensayo, entendiendo en el camino, cual es la relación con nosotros y la aparente realidad inamovible en la que creemos movernos.


LA GRAVEDAD

Newton, científico del que cuentan, que le gustaba jugar al alquimista; tuvo el genio de entender que lo mismo que hacia caer una manzana, era la misma fuerza que atraía y repelía los planetas y al sol en nuestro sistema solar. Algo ahora tan obvio, fue una idea  revolucionaria, un pensamiento que le permitió  describir un universo perfecto, mecánico y predecible. Sin embrago, ni con todo su genio, entendió en ese momento lo que su gravedad era en realidad, y aunque podía medir sus efectos y adelantar sus consecuencias, no podía definir lo que era. Tuvieron que pasar 300 años para darle otro sentido al concepto de gravedad y de paso, poner en tela de juicio el concepto que decía que el Universo funcionaba como un reloj. Einstein de un plomazo, entendió lo que Newton no vio. La gravedad era la curvatura natural del espacio-tiempo, la deformación del tejido invisible sobre el que se desplaza la materia, igual que lo haría una pelota  en un movimiento rectilíneo sin fin, sobre un mantel que se deforma por el peso de esta. En este sentido, la Tierra giraría al rededor del Sol, porque este último, con su masa miles de veces mayor, lograría doblar el espacio-tiempo en el camino rectilíneo de la Tierra  obligándola a dar vueltas en derredor. La Tierra a su vez, haría lo mismo con la Luna y la pondría a girar sobre nuestras cabezas, inspirando a poetas y trasnochadores románticos. Quizás hasta nosotros con nuestra mínima masa, lograríamos curvar algo el espacio-tiempo que nos rodea, atrapando en él, a pequeños incautos ó incautas, bajo un efecto que bien podríamos denominar sex-appeal.

Este fenómeno fue verificado a principios del siglo pasado durante un eclipse solar. Dicho fenómeno se corroboró porque la estrella, que normalmente era eclipsada por la luz del sol, apareció junto a este, demostrando así que la luz de la estrella seguía la curvatura que nuestro astro rey le imponía como trayectoria para llegar a los telescopios terrestres. Sin embargo, y a pesar de lo que nos dice el sentido común, la gravedad es la fuerza más débil de las cuatro que se encuentran en la naturaleza; las enumero: La débil, responsable de que los electrones sigan dando vueltas alrededor de su núcleo; La fuerte, responsable de que el núcleo del átomo este bien cohesionado; La electromagnética, responsable de estudiar los campos que convierten la electricidad en magnetismo; y La de gravedad, que nos mantiene atados a la superficie terrestre. Aunque parece evidente que la gravedad es una fuerza enorme, en realidad es muy débil comparada con las otras tres, en efecto, hasta la fuerza electromagnética la supera, sino cómo explicamos que un imán pueda levantar sin mucha dificultad, otros metales de la superficie de la Tierra. La causa es casi de ciencia ficción, según las últimas teorías  físicas, la gravedad es débil porque se esta escapando por alguna de las once dimensiones que nos rodean, hacía un universo paralelo. ¿Pero cómo? Vayamos con calma.


LA LUZ

Desde tiempos ancestrales la luz o su ausencia, ha representado un elemento fundamental en la vida de los seres humanos, ha sido, dicho de manera metafórica, la lucha del bien contra el mal, las tinieblas contra la claridad, la ignorancia contra la verdad. El fuego vino a brindarle al hombre no solo calor, sino la oportunidad de hacer de la noche, el día. La luz en su versión más rústica, el fuego, cambió la vida de la humanidad, y miles de años después, vuelve a tomar un papel preponderante con la física cuántica. La física clásica, nos permite, calcular de modo muy preciso, el movimiento de los cuerpos en función de su inercia, velocidad y dirección. Esta física, es la física del sentido común, de ella se sirve el cuerpo para correr o caer, es vital para lanzar cohetes al espacio y determinar las órbitas de los asteroides que amenazan la tierra con destruirla. Sin embargo, todo cambia cuando estudiamos la realidad en la intimidad de la materia. Este micro mundo nos depara sorpresas indescriptibles que escapan a nuestro sentido común y por supuesto a la física newtoniana.

No fue Einstein quien observó por primera vez que la luz poseía una característica muy singular, sino un científico llamado Max Planck que al buscar la razón por la cual un objeto cambia de color al calentarlo, observó que el aumento de la temperatura altera la vibración de las moléculas que lo componen, y modifica así, la radiación que este desprende y que captan nuestros sensores visuales. Otro fenómeno que también pone de manifiesto que el sentido común no funciona a nivel cuántico, aparece durante un experimento llamado "La doble rendija". En él, un haz de electrones es disparado contra una lámina que tiene dos rendijas verticales. Cuando el experimento se realiza con el observador participando, las partículas disparadas se comportan como cuantos y dejan en la pared posterior a la lamina, dos trazos verticales, como cabría esperar que sucediera si estos cuantos fueran balas disparadas por una metralleta; sin embargo, cuando este experimento se hace sin que el observador participe, la luz se comporta como una onda, y registra seis líneas verticales en la pared posterior a las rendijas. Esto es sorprendente, porque nos hace ver que la simple observación afecta el resultado del experimento, la realidad se vuelve relativa. La luz es una onda en tanto no es observada, y partícula cuando se le vigila. Con la luz nace la física cuántica y con ella la modernidad y un mundo de probabilidades.


¿NADA ES MÁS RÁPIDO QUE LA LUZ?

La velocidad de la luz siempre es constante, sin importar el lugar. A más de 300 mil kilómetros por segundo, es el correcaminos de la naturaleza, casi instantánea hasta que atraviesa distancias enormes. Su velocidad nos permite mirar a las estrellas desde el pasado, brillos de estrellas muertas nos observan  desde el cielo. Esa mirada al pasado es el límite de la capacidad de nuestros telescopios. La pregunta fundamental es evidente: ¿Y porqué esa velocidad exactamente?  Por que esa velocidad marca, por alguna razón, el límite en el que el tiempo se detiene indefinidamente y la demanda de energía es infinita. Un cuerpo acelerado hasta esa velocidad aumentaría su masa exponencialmente hasta alcanzar niveles infinitos. Más allá de la velocidad de la luz, la física se rompe y sin embargo hay fenómenos que hacen pensar que se puede superar ese límite.


Ya en tiempos de Einstein, se manejaba la idea de que un electrón, debería conservar sus propiedades  aunque este fuera dividido en dos y sus partes se separaran a miles de kilómetros; lo que le sucediera a una de sus partes, le afectaría a la otra de manera simultánea. Así, si uno cambiaba su giro de spin, el otro modificaría su giro en sentido contrario de manera instantánea. A esto Einstein le llamó “espeluznante acción a distancia”. Y no era para menos, si esto era verdad, contradecía la Ley que impide viajar más rápido que la velocidad de la luz. La información no podía llegar instantáneamente, porque simplemente era inconcebible, por no decir sobrenatural. Él explicó que seguramente las modificaciones comunes e instantáneas, se debían a que había un cuadro predeterminado de acciones para estas partículas hermanas que indicaban, como en el guion de una obra de teatro, sus futuras acciones a seguir, no había información intercambiada, solo información programada desde el principio. Otra vez, una realidad determinista. Sin embargo y para sorpresa de propios y extraños, experimentos recientes con rayo laser, han puesto en evidencia y sin lugar a dudas que, el cambio de una partícula con respecto a su hermana gemela de manera instantánea, es independiente de su programación intrínseca y de manera inexplicable, la información cruza el espacio entre ellas sin respetar el limite de la velocidad de la luz. Esto es casi como hablar de fantasmas cuánticos.


EL MUNDO CUANTICO

La física hasta principios del siglo XX, nos había descrito un mundo claro, repetible y consistente. Existían las Leyes de Gravitación Universal por un lado y por otro, las Leyes de Maxwell que explicaban la relación de fuerzas electromagnéticas. Sin embargo, la física estaba muy lejos de lograr un entendimiento claro del mundo que intentaba describir porque solo tenía las herramientas para entender la realidad humana a su respectiva escala. Es en esta época cuando científicos como Einstein, Pauli, Schrödinger, Niels Bohr, entre otros; empiezan a dar luz sobre la realidad a nivel atómico y a entender lo lejos que estaba la física de ese entonces para explicar lo que sucedía dentro de la intimidad de la materia. Se dieron cuenta que los electrones, por ejemplo, no se comportaban como cabría esperar desde el punto de vista de la física clásica. Por el contrario, mientras que en nuestra escala de gigantes podíamos saber con exactitud el lugar preciso en donde se encuentra una bala de cañón que es lanzada a cierta velocidad, siguiendo una dirección determinada, en una unidad de tiempo; un electrón jamás revelará su posición y su momento al mismo tiempo. Es como si de pronto saliéramos en carro con una determinada velocidad y el GPS que sigue nuestro camino por la carretera, no fuera capaz de indicar donde estamos o en que momento del viaje nos encontramos, a lo sumo, solo sería capaz de indicarnos cuales son los posibles puntos en donde podríamos estar con respecto a una unidad de tiempo determinada. A esto se le conoce como “Principio de Incertidumbre de Heisenberg”. Nuestro carro se ha convertido en una función de probabilidad, que solo se revela cuando el observador hace un zoom al GPS y determina nuestra posición más probable. El electrón, al rededor del núcleo, se encuentra en todas partes y en ninguna, mientras no lo estemos observando, nuestro coche esta en cualquier punto de la carretera al mismo tiempo, en una especie de continuo en donde solo rigen las reglas de la probabilidad. Schrödinger molesto, al igual que Einstein por este devenir de la física, ideó un experimento para burlarse de quienes pensaban que la realidad era una cuestión de probabilidad. En su experimento, ponía un gato dentro de una caja, en donde habría un sistema mecánico que al activarse dejaría escapar un veneno mortal para el minino. La activación de este sistema dependería únicamente del decaimiento del electrón a una órbita de menor excitación. Como el decaimiento del electrón estaría sometido a una función de probabilidad, podríamos esperar que la vida del gato dentro de la caja, estaría igualmente sometida a las mismas leyes de probabilidad. Puesto así, el gato tendría 50% de probabilidad de estar vivo o muerto; y por lo tanto, mientras no abramos la caja, este infeliz felino se encontraría vivo y muerto al mismo tiempo. Ambas realidades conviven en el mismo momento y solo es el ojo del observador al levantar la tapa, lo que revelaría en ese instante la verdadera condición del gato. Al igual que lo que sucedía en el experimento de la doble rendija, aquí también el observador se vuelve parte del experimento y lo afecta inevitablemente. En realidad, más que el ojo del experimentador, hablamos de la conciencia de este. Parecería que la vida es gran experimento cuántico, en donde nuestra conciencia interactua con las diferentes probabilidades de los acontecimientos, y sin crearlos, tendría que ver con la materialización de su probabilidad. En este caso, el ser humano ya no es un elemento inerme, carente de voz y voto, sometido a los designios de un Dios mecanicista, que estructura el destino como un reloj de precisión, y que ha determinado desde el principio de los tiempos, el devenir de los acontecimientos como si se trataran de fichas de dominó cayendo. Al contrario, la física cuántica le devuelve al hombre su libre albedrio, responsabilizándolo de sus propias acciones; como lo diría Sartre por aquellos mismos años 30tas. La realidad dejó de ser un continuo fluyendo hacia el futuro y se transformó en el evento instantáneo más probable, el hombre dejó de ser pasajero de la realidad, para ponerse al volante de su destino. No obstante, hoy la pregunta no es quién conduce, sino, si en verdad hay un vehículo que conducir. Y es que el mundo cuántico nos demuestra fehacientemente que no hay nada real, en lo que nosotros llamamos realidad. Aún los objetos más solidos y voluminosos, en lo más profundo de su naturaleza, no son más que espacio, vibración y energía; los elementos fundamentales que crean la materia. La luz es materia, pero igualmente es energía, los Quarks son materia, pero también son resultado de la vibración de las cuerdas que los componen. Es necesario tener en cuenta que, el universo lo materializamos con nuestro pensamiento, y que este proceso es a su vez, el resultado intrínseco de relaciones electroquímicas sometidas a las mismas leyes cuánticas que rigen a la  materia que estamos procesando. Nuestro cerebro es, en síntesis, un gran traductor de informaciones eléctricas que interpreta y modela para  transformarlas en objetos que conocemos, como por ejemplo, sillas de madera o sillones de piel. Nuestro pensamiento es el gran constructor de contextos y escritor de historias que llamamos vida. La física cuántica llevada a su más extrema interpretación, nos dice que ese allá afuera que percibimos con nuestros cinco sentidos, es un mundo lleno de ficciones energéticas construidas con un pensamiento capaz de entender que el único peligro real, es el que él mismo puede crear.



jueves, 9 de noviembre de 2017

La velocidad de la luz y los viajes intergalácticos



El tiempo no es una constante, varía en función de la aceleración de un cuerpo en movimiento dentro de un marco de referencia inercial. Es decir, la velocidad a la que se mueva un cuerpo afectará directamente la manera en que el tiempo transcurre sobre él. A mayor velocidad, el tiempo transcurrirá más lentamente.

Imaginemos, por un momento, que vamos sentados en un tren perpendiculares a su dirección y que tenemos una pelota de goma que lanzamos a intervalos iguales contra un muro que esta frente a nosotros. Desde nuestro punto de vista, la pelota siempre rebota contra el muro en el mismo lugar y regresa instantáneamente a nuestras manos. La trayectoria de esta pelota es en línea recta y su periodo es constante, es decir, hace el mismo tiempo en ir que en regresar. Ahora imaginemos que esa misma trayectoria es observada por otra persona que está sentada en el anden y ve arrancar el tren; esta persona vería (si el tren fuera transparente)  el ir y venir de la pelota, mientras el tren está en reposo, de la misma manera que el que está lanzando la pelota al interior. Cuando el tren comienza a avanzar lentamente, este observador externo vería el rebote de la pelota ligeramente más retrasado que lo que se ve dentro del tren en movimiento, esta impresión se incrementará conforme la aceleración del tren aumente. La trayectoria recta de ida y vuelta del lanzador sentado en el tren, se convierte para el observador del anden, en una trayectoria triangular que tendría como aristas, el punto de entrada al andén, el punto medio en la mitad del andén, y el punto de salida, al final de la estación. Lo que sería una línea para uno, para el otro se desdobla como un acordeón. Esto quiere decir que los dos observadores tienen dos mediciones del tiempo distintas; para el que va en el tren, la pelota va y viene en un segundo, pero para el que observa sentado en el andén, el tiempo del que va sentado en el tren se desacelera, la pelota no hace un ir y venir vertical, sino que recorre dos diagonales, una que va de la entrada a la parte media del andén, y otra que va de este punto, a la salida del andén.

Esto implica que a mayor aceleración, el tiempo transcurrirá más lentamente. Si regresamos al ejemplo del tren, observaríamos que al acelerar, las diagonales se van alargando para el que observa desde el andén, hasta llegar casi a la horizontal con respecto a la dirección del tren, pero la diagonal nunca podría ser completamente horizontal porque la pelota jamás rebotaría en la pared de enfrente, simplemente avanzaría hacia adelante indefinidamente, haciendo que ese segundo inicial se volviera infinito. Razón por la cual ningún cuerpo con masa puede alcanzar esta velocidad. Para el observador en el andén, le parecería que la pelota nunca avanza, es como si esta se quedara suspendida en el aire. Sin embargo, para quien va dentro del tren, la pelota nunca se detiene, continua su curso normalmente.

Este símil, nos deja ver que el viaje al futuro es viable, si contáramos con los medios tecnológicos para acelerar al 99% de la velocidad de la luz y mandáramos a un astronauta en una nave a Alfa Centauro, que está a 4 años luz de aquí (Un año luz es la distancia que recorre un cuerpo a 360 mil kilómetros por segundo), observaríamos que a su regreso, este astronauta habría envejecido solo 8 años, sin embargo, en la Tierra ya habrían pasado decenas de años. Para un observador en la tierra que tuviera una cámara dentro de la nave, vería que el astronauta esta como en pausa, aunque el astronauta jamás tendría esta sensación. El astronauta, al llegar de nuevo a la tierra habría viajado al futuro, pero no podría regresar al punto inicial.

Por desgracia, hay un pero que la física interpone para este tipo de viajes interplanetarios a altas velocidades. Cuando un cuerpo acelera su masa, esta tiende a volverse enorme. Por ejemplo, en el caso de un accidente automovilístico, la gravedad del choque depende de la masa del cuerpo y de la velocidad a la que va. Cuando un pequeño meteoro, del tamaño de una canica, impacta en un satélite que mide el tamaño de un autobús, este puede  quedar inservible. El problema radica en que, aunque el peso sea de unos cuantos gramos, la masa de este se ve incrementada por su aceleración. Así, un objeto de grandes dimensiones a una baja velocidad provocará los mismos daños, que un objeto muy pequeño a una alta velocidad. La energía desprendida es la misma en ambos casos.

Esto es importante porque si queremos acelerar un objeto a velocidades cercanas a la de la luz, la masa de este artefacto crecería de manera exponencial, llevando la masa del objeto a pesar miles y miles de toneladas y requiriendo enormes cantidades de energía para desplazarlo.

Así las cosas, cuando Einstein dice que es imposible viajar cerca a la velocidad de la luz o incluso, a más, se está refiriendo a:

1 A la velocidad de la luz el tiempo se ralentiza con respecto a otros marcos referenciales que se mueven a aceleraciones más bajas.

2 A la velocidad de la luz la masa de un cuerpo se hace infinita.

3 Para llevar un cuerpo a la velocidad de la luz la energía necesaria es infinita.

Se infiere entonces que, el viaje interestelar dentro de una nave solida es imposible. Simplemente no hay tecnología que pueda superar estas barreras y dudo que exista una civilización que pueda ser capaz de tal proeza. Sin embargo, esto no anula la posibilidad de que que los viajes interplanetarios  o intergalácticos sean posibles y que los extraterrestres estén ya entre nosotros, porqué.

1 Estos visitantes han podido acelerar sus naves a velocidades cercanas a dos terceras partes de la velocidad de la luz y han podido alcanzar distancias enormes en pocas generaciones gracias al comportamiento del tiempo a velocidades elevadas. Es posible que hayan podido modificar su estructura genética para evolucionar en ambientes enrarecidos, con pocos alimentos. Podríamos estar hablando de ciborgs, por ejemplo. Sería una especie viajera, que una vez instalados en lunas o planetas de la vecindad se proveen de materias primas de la cercanía para subsistir.


2 Los puentes Einstein-Rossen son túneles a través del espacio-tiempo. Estos agujeros permitirían doblar el espacio para atravesar de un lado al otro la galaxia. El problema de estos agujeros es que para crearlos es necesaria la misma energía infinita para alcanzar la velocidad de la luz, lo que lo hace imposible de crear y más difícil de atravesar.

3 Einstein se negaba a creer que los electrones pudieran tener un intercambio inmediato de información a distancias galácticas. Esta característica se puede comprobar gracias a los spines que miden el giro de dos electrones interconectados. En este ejemplo,  un spin positivo y otro negativo, giran en sentido contrario uno con respecto al otro y cuando uno cambia de sentido, el otro cambia inmediatamente. Lo interesante de esto es que si alejamos un electrón y lo pusiéramos del otro lado de la galaxia, el spin de este cambiaría inmediatamente de sentido si cambiamos el sentido de su compañero. Esto va contra todo principio físico, ya que la información no podría atravesar la galaxia en un instante, porque para eso tendría que viajar más rápido que la luz. Debe de existir otro mecanismo que permita el intercambio de información instantánea. Aún desconocemos cual es, pero quizás estas civilizaciones ya lo han conseguido.

4 Pasar cerca del campo gravitacional de una estrella muy masiva (sin que nos atrape, claro). La fuerza del campo gravitacional, doblaría el tejido espacio-tiempo al rededor de nuestro marco referencia y provocaría que el tiempo ralentizara con respecto a otros marcos referenciales externos.

5 Si bien la materia no puede ni siquiera acercarse a la velocidad de la luz, eso no incluye a la energía, y yo me pregunto, si el experimento de la doble rendija dejó en evidencia que la luz es onda (energía) y partícula (masa) al mismo tiempo, ¿estas entidades (incluso nosotros) no podrían haber encontrado la manera de viajar como una onda?

Pensemos que nuestras conquistas de hoy fueron nuestros Everest de ayer. Para aquellos hombres del siglo XVIII que miraron al cielo y entendieron que volar era un desafío en sí mismo. No creo que ningún científico de la época pensara seriamente en que un ser humano pudiera salir de este planeta, sin embargo 300 años después es una realidad. Probablemente, hoy estamos ante un Everest semejante, solo que ahora las fronteras no están en la estratósfera, sino en los límites del sistema solar. Con el tiempo, seguramente hallaremos la manera de escapar de nuevo.

jueves, 2 de noviembre de 2017

¿La monogamía es natural?



Barash y Lipton en su libro “El mito de la monogamia” (Ed.Siglo XXI, 2013) hacen un estudio muy interesante que vincula, el grado de monogamia en parejas de animales (si dicha cosa puede nombrarse así entre ellos) con el tamaño de sus ¡¡testes!! (Ver para creer). Según este estudio, las aves que en su mayoría solo tienen una pareja de por vida, tendrían unas gónadas mucho más pequeñas que las de los chimpancés (en proporción a su tamaño, por supuesto), que en general se distinguen por un comportamiento sexual muy alocado y variopinto. Esto encuentra su fundamento en el hecho de que los Albatros, por citar un ejemplo, no tienen competidores con quien rivalizar para perpetuar su especie, lo que significa que el 100% de sus gametos están destinados exclusivamente a la procreación con su pareja; por su lado la chimpancé que copula con varios machos a la vez, obliga a su contraparte a tener una cantidad basta de gametos capaces (por cantidad y efectividad) de poderse perpetuar. La consecuencia es evidente, entre menor es la producción más chica es la fábrica, entre más alta sea la demanda, el tamaño de los testes aumenta. 

Y a todo esto, ¿Cómo están renqueados los Seres Humanos? Pues aunque haya hombres que dicen que los tienen muy grandes (siempre hay presumidos), la verdad es que la raza humana está a mitad de tabla, ni son los más chicos (uff), ni tampoco son enormes (sorry), a mitad de camino entre la infidelidad y la monogamia. 

Evidentemente, a diferencia de todas las especies animales, el hombre tiene raciocinio (dice), lo que le permite discernir, elegir y amar. La fidelidad en el caso de los humanos, no solo es una cuestión hormonal, tiene que ver con cuestiones sociales que nos llevan a tomar decisiones racionales, empáticas y a veces, hasta contrarias a lo que la naturaleza nos indica. Reproducirse, no es ya el objetivo principal, y en ese entendido, en materia de sexo, el hombre es libre de decidir, con quién, cuándo, cuantos y para qué. 

Plantas y Humanos, ¿quién se sirve de quién?



Nos gusta creer que el ser humano es el pináculo de la evolución y por ende, la medida de todas las cosas, no obstante, nos pasa de largo que algo tan simple, como equivocadamente entendemos al reino vegetal, está arriba de nosotros en la escala evolutiva y pensamos que nos servimos de él, cuando en realidad es todo lo contrario. 

Mientras que nosotros desechamos lo que no podemos procesar, o dicho de otro modo, aprovechar, las plantas no desperdician nada, toman lo necesario del medio y lo procesan eficientemente sin perdidas. Son máquinas biológicas perfectas que aprovechan hasta los detritos animales para nutrirse también. Un reino con esa capacidad, que además evolucionó millones de años antes que el reino animal, no puede, bajo ninguna circunstancia, ser inferior. 

En tanto que nuestra expectativa de vida es limitada, el reino vegetal es casi inmortal, y tiene la capacidad de cubrir la superficie de la Tierra aún ahí, donde la planta del hombre no se ha posado. Los vegetales pueden manipular el pensamiento de los insectos, para que trabajen para ellas o las defiendan; pueden usar a los mamíferos superiores para que su digestión contribuya en su proceso de reproducción; y pueden seducir el ojo, el olfato  y hasta el paladar humano para procurar su subsistencia.

Una especie así, no solo merece nuestra admiración, también nuestro temor más profundo porque, sin ellas morimos y contra ellas estamos derrotados. No dudo que si debido a un cataclismo, la luz solar dejara de acariciar la faz de la Tierra, su evolución las haría buscar alimento de otra manera y quizás nosotros mismos podríamos pasar a formar parte de su menú. Si no lo somos aún es porque, más sabio que los hombres, el reino vegetal entiende que es mejor colaborar que pelear.

Sin duda el reino vegetal no ve, no escucha, y hay quien dice que no siente, sin embargo, sus nexos con la realidad puede que se den de maneras más intrincadas e inimaginables para el ser humano. Hay evidencia de que las plantas saben cuando en la habitación hay gente que las procura o las lastima, se sabe que entre ellas se comunican y se advierten de peligros inminentes. Quizás hay químicos en el medio ambiente que ellas pueden leer y que les describen un mundo no tan distinto del nuestro.

Finalmente, no puedo dejar de mencionar que la energía solar se disipa, se pierde, pero gracias a las plantas, la energía se conserva, y podemos aprovecharla. ¿Cómo? Muy simple, mediante el proceso de fotosíntesis, la energía del sol se conserva, las plantas son una especie de capacitores biológicos que transforman la energía solar en alimento y la almacenan para que los insectos y los mamíferos puedan aprovecharla. Sin el reino vegetal, gran parte de la energía solar se perdería para siempre.

Por cierto, para aquellos que se preguntan si está bien que las consumamos, yo pienso que eso es justo lo que las plantas quieren, les conviene que las comamos, han invertido millones de años para crear colores, olores y sabores que sean atractivos para animales y humanos. Si las comemos, no es porque nosotros lo decidamos, lo hacemos porque a ellas, este proceso les resulta ventajoso, es una etapa importante en su reproducción, en la cual nosotros no somos más que un eslabón. Así que no veo porque haya que culpabilizarse si aderezamos o no, una Ensalada César.


Cuiden sus plantas.