Blog que toca temas diversos, polémicos pero sin duda trascendentales. Léelo si te atreves.
domingo, 29 de septiembre de 2024
¿Porqué dejé de buscar OVNIS?
sábado, 21 de septiembre de 2024
Los hackers de la realidad
En fallos en la realidad propuse que muy probablemente la vida es una simulación, que la realidad es una ficción en la cual vida y muerte se intercalan indefinidamente. La muerte sería solo un cambio dimensional que sirve de barrera entre nuestra realidad y el más allá. En realidad, desde este enfoque, el termino muerte ya no tendría sentido, porque muerte significa fin, y no hay nada más lejos de eso. Descarnamos, que no es lo mismo, pasamos de ser una entidad material, a ser una entidad energética, cuya consciencia, (esta información que nos define) no se pierde, continua, y es capaz de se observarse inerte sobre un quirófano, o el lugar de un accidente. El ser que descarna, parece entrar en una dimensión invisible, en donde parece sentirse de maravilla y encuentra otras entidades energéticas que casi siempre pretenden saludarle y ayudarle. En pocos casos estas entidades parecen tener malas intensiones y hacen sentir angustia, soledad o tristeza a los seres descarnados que se las encuentran.
Habría, por lo tanto, un espacio compartido entre ambas dimensiones, una convivencia a nivel temporal, entre entidades materiales y energéticas. Hay evidencia que ambas dimensiones se entrelazan y que de alguna manera, fuerzas energéticas pueden realizar en el mundo material, prodigios. Este contacto suele darse de manera involuntaria o desesperadamente anhelada. Los sensitivos, expresión dada a las personas que pueden comunicarse con entidades energéticas de otra dimensión, parecen tener una capacidad mental innata, que atraviesa la infranqueable barrera dimensional con el más allá, y realizan con sus sentidos, lo que esta vedado a las frecuencias corporales. De esta manera pueden ver lo invisible o escuchar lo inaudible, escudriñar en esa dimensión sin tiempo, lo que ha sucedido o está por suceder, y negociar el bien o el mal del mundo material. Pero no es porque que estos hackers de la realidad tengan poderes sobrenaturales, parece que, desde antiguo, el ser humano se ha dado cuenta que hay una realidad alternativa que lo rodea sin que la vea, y en el infinito progreso del saber, no solo ha descubierto el engaño de la existencia, sino que ha aprendido a burlarlo para sacar provecho de ella. Nada más humano que eso. Pero el ser humano que no posee la llaves de la alquimia para volver lo inmaterial en energía, tiene que recurrir a entidades de orden superior, para rescribir la realidad que nos domina en nuestro contexto terrenal. Dioses, Santos, Vírgenes o Demonios, son nombrados, saludados o exaltados, con tal que hagan de la realidad, algo que como humanos nos resulta imposible concretizar. Los milagros, o pagarés, para ponerlo en términos más terrenales, son trueques, intercambios que por más bondadosos que sean, o mal intencionados que parezcan, tienen siempre la misma moneda de cambio, el sufrimiento, ya sea en nuestra dimensión o, en el más allá. Para nadie es noticia el dolor que infringen a sí mismas las personas que con tal de obtener un favor sobrenatural, un cambio intempestivo en el código de la vida, someten a la materia a un esfuerzo carnal que representa dolor corporal, y ponen en riesgo su existencia. Andar cientos de kilómetros a pie, avanzar de rodillas, azotar la piel hasta dejarla en carne viva, son ejemplos de lo que está dispuesto a hacer la gente por que estas entidades hagan de su realidad, un destino distinto del que dicta la materia. Si eso es lo que están dispuestos a entregar por un cambio bien intencionado, a una entidad energética que entendemos bondadosa; qué podemos esperar que ofrezcan aquellos que están dispuestos a lo que sea, por un cambio radical en su realidad, simplemente por vanidad, venganza o placer corporal, a una entidad de no tan buenas intensiones. El sacrificio es sin duda, el mayor o mejor de los tributos, el sufrimiento del inocente, del indefenso, del que ama. La crucifixión es el mejor ejemplo, haya sucedido o no. La Cruz nos recuerda el máximo sacrificio y aquello con lo que no se puede intercambiar, la vida. Pero los hackers de la realidad, o intermediaros de la felicidad, saben como hacer para ayudarse de entidades energéticas que les colaboren para cumplir deseos y sacar del caos, el mejor provecho.
Cuidado, no creer no te salva, es casi como decir que con un paraguas, no te moja un huracán. Siguiendo el símil, la mejor manera de no mojarse, es alejarse de las nubes de tormenta.
miércoles, 11 de septiembre de 2024
El origen del miedo
Todos hemos sentido un miedo inexplicable, un sentimiento que nos inunda de repente, que llega sin explicación y nos pone en alerta de qué algo nos acecha, aunque en nuestro campo de visión, parezca que no hay nada. Deben ser mis nervios, pensamos, es mi imaginación que me traiciona, nos decimos para retomar el aliento y darnos valor.
¿Y si no fue nuestra imaginación, ni nuestros nervios, si realimente hay algo ahí que nos observa, algo invisible, un horla que en las sombras de la realidad espera el momento de atacar? ¿Podría ser esto real? Veamos.
¿Qué vemos cuando decimos que vemos, qué oímos cuando decimos que oímos, que sentimos cuando decimos que sentimos? Aparentemente no mucho, a juzgar por el espectro sensitivo del ser humano. El rango de frecuencias que podemos detectar con nuestros sentidos esta limitado por lo que es necesario para la subsistencia humana. Por encima y por debajo de estos rangos, no vemos, no oímos y no sentimos. Y para colmo, de eso que los sentidos sí pueden detectar, el cerebro filtra todo lo que a su juicio es innecesario para nuestro devenir cotidiano. La realidad que percibimos esta sesgada y censurada por nuestra capacidad sensitiva, que depende de nuestra biología; y nuestra capacidad mental, que es quien procesa y determina, lo que es bueno o no conocer.
La pregunta es entonces necesaria, ¿Y qué determina lo que es bueno, peligroso o prioritario para nuestra sobrevivencia? Para mí, nuestras creencias, nadie puede percibir en su corto espectro, lo que no esta preparado para asimilar. A fuerza de prueba y error, desde la cuna, el cerebro va creando ramificaciones neuronales que un día, nos permitirán ver el mundo como dice la gente que es. En tanto los niños, cuyas redes neuronales están en formación, dicen tener amigos imaginarios, o ver entidades que sus padres no. ¿Será que por su corta edad, el cerebro en formación, no alcanza todavía a filtrar determinados pedazos de realidad que de adultos ya no percibimos?
El "más allá", no se referiría entonces, a una dimensión ajena a la nuestra, el "más allá" sería la dimensión en la que nos movemos, pero que no apreciamos porque convivimos en ella bajo el filtro que nos impone el cerebro. La mente es la gran traductora (estafadora) que transforma magnitudes de onda en colores, vibraciones en música y espacio en materia, pero que igualmente ignora lo que a juicio de las eras y de la evolución, no tiene un beneficio directo para nuestra supervivencia, o no representa un peligro inminente a nuestra subsistencia. El origen del miedo radica en los remanentes que nuestros sentidos perciben, pero que la mente elimina de nuestra realidad; el origen del miedo son las energías que impregnan nuestro subconsciente pero que no se concretan como entidades reales; el origen del miedo es lo que captamos, pero no hacemos consciente; el origen del miedo es lo que nos dice que en ese "más allá", algo acecha. Hay quien llama a eso intuición, sexto sentido, o percepción extrasensorial. Por esto cerramos los ojos cuando algo nos da miedo, porque de qué sirven los ojos cuando no vemos con ellos, por el contrario, cuando renunciamos a la vista, es muy posible que empecemos a ver de verdad.
No sé si la maldad existe, no se si nos acecha, tal vez sí, no lo sé, ahora dudo hasta de lo que se dice que es bondad, pero se que somos intocables en la medida en que creas serlo, en la medida en que aunque estemos rodeados de peligros invisibles, tu sepas que esas energías que sientes pero no puedes ver, no pueden hacerte daño, porque el amor, aunque energético, no es comestible por entidades del bajo Astral.

