domingo, 31 de marzo de 2024

Redefiniendo el IQ



Hasta el día de hoy se sabe que la consciencia y la inteligencia son productos de la interconexión e interacción de las neuronas de nuestros cerebros. Desde este punto de vista, nuestra mente es la creadora de toda realidad en donde la consciencia es local e intrínseca a la materia que nos constituye como seres humanos. Sin embargo, hay evidencia que apunta  a que esto podría no ser totalmente cierto y que la consciencia sería de orden no local, veamos.

Hay una teoría propuesta por el ganador del premio Nobel de física Roger Penrose en donde explica que la consciencia es producto del proceso cuántico que se da al interior de los microtúbulos de las neuronas. De ser cierto, la consciencia sería no local, es decir que, no estaría localizada solamente en el cerebro, sino en algún lugar fuera de él. Nuestros cerebros serían entonces una especie de aparatos capaces de sintonizar la frecuencia en la que se encuentra nuestra consciencia, la cual al ser no local, y no depender del organismo que la alberga, existiría por siempre.

Muchos artistas han confesado que algunas de sus obras han estado inspiradas por algo externo, algo inexplicable que los conduce a producir repentinamente, pero que no obedece a un pensamiento madurado o largamente desarrollado. Y no solamente eso, en el ámbito científico muchos descubrimientos y desarrollos teóricos han aparecido casi instantáneamente en distintas partes del planeta, aunque sus desarrolladores no tenían ningún tipo de contacto entre ellos. Casi como si la misma idea apareciera al mismo tiempo, para las personas involucradas en dicho descubrimiento.

Por otro lado, hay evidencia de que malformaciones de nacimiento o accidentes graves, han provocado la perdida de gran parte de masa encefálica, y sin embargo, los pacientes en dicha condición, no han sufrido merma en sus capacidades mentales, y es aquí cuando la ciencia se pregunta, en que parte del cerebro se ubica la memoria, por ejemplo.

Por tanto, si el pensamiento es producto de un proceso no local, la inteligencia humana ya no podría medirse en términos de IQ de manera tradicional, y ahora tendría que estar definida en función de nuestra capacidad para tener acceso a una serie de saberes "de acceso público" fuera de nuestros cerebros. La genialidad en términos de esta nueva definición de inteligencia o IQ,  sería la capacidad de la mente para acceder a determinadas frecuencias de un espectro delimitado. Esta capacidad dependería, por supuesto, del entrenamiento y la frecuencia con que se estimulen dichas redes neurales capaces de sintonizar con el espectro deseado. Sin embargo, habría individuos que de nacimiento o de manera natural poseerían una prodigiosa red capaz de tener acceso a estos saberes, sin necesidad de un entrenamiento constante.