miércoles, 11 de septiembre de 2024

El origen del miedo



Todos hemos sentido un miedo inexplicable, un sentimiento que nos inunda de repente, que llega sin explicación y nos pone en alerta de qué algo nos acecha, aunque en nuestro campo de visión, parezca que no hay nada. Deben ser mis nervios, pensamos, es mi imaginación que me traiciona, nos decimos para retomar el aliento y darnos valor.

¿Y si no fue nuestra imaginación, ni nuestros nervios, si realimente hay algo ahí que nos observa, algo invisible, un horla que en las sombras de la realidad espera el momento de atacar? ¿Podría ser esto real? Veamos.

¿Qué vemos cuando decimos que vemos, qué oímos cuando decimos que oímos, que sentimos cuando decimos que sentimos? Aparentemente no mucho, a juzgar por el espectro sensitivo del ser humano. El rango de frecuencias que podemos detectar con nuestros sentidos esta limitado por lo que es necesario para la subsistencia humana. Por encima y por debajo de estos rangos, no vemos, no oímos y no sentimos. Y para colmo, de eso que los sentidos sí pueden detectar, el cerebro filtra todo lo que a su juicio es innecesario para nuestro devenir cotidiano. La realidad que percibimos esta sesgada y censurada por nuestra capacidad sensitiva, que depende de nuestra biología; y nuestra capacidad mental, que es quien procesa y determina, lo que es bueno o no conocer.

La pregunta es entonces necesaria, ¿Y qué determina lo que es bueno, peligroso o prioritario para nuestra sobrevivencia? Para mí, nuestras creencias, nadie puede percibir en su corto espectro, lo que no esta preparado para asimilar. A fuerza de prueba y error, desde la cuna, el cerebro va creando ramificaciones neuronales que un día, nos permitirán ver el mundo como dice la gente que es. En tanto los niños, cuyas redes neuronales están en formación, dicen tener amigos imaginarios, o ver entidades que sus padres no. ¿Será que por su corta edad, el cerebro en formación, no alcanza todavía a filtrar determinados pedazos de realidad que de adultos ya no percibimos?

El "más allá", no se referiría entonces, a una dimensión ajena a la nuestra, el "más allá" sería la dimensión en la que nos movemos, pero que no apreciamos porque convivimos en ella bajo el filtro que nos impone el cerebro. La mente es la gran traductora (estafadora) que transforma magnitudes de onda en colores, vibraciones en música y espacio en materia, pero que igualmente ignora lo que a juicio de las eras y de la evolución, no tiene un beneficio directo para nuestra supervivencia, o no representa un peligro inminente a nuestra subsistencia. El origen del miedo radica en los remanentes que nuestros sentidos perciben, pero que la mente elimina de nuestra realidad; el origen del miedo son las energías que impregnan nuestro subconsciente pero que no se concretan como entidades reales; el origen del miedo es lo que captamos, pero no hacemos consciente; el origen del miedo es lo que nos dice que en ese "más allá", algo acecha. Hay quien llama a eso intuición, sexto sentido, o percepción extrasensorial. Por esto cerramos los ojos cuando algo nos da miedo, porque de qué sirven los ojos cuando no vemos con ellos, por el contrario, cuando renunciamos a la vista, es muy posible que empecemos a ver de verdad.

No sé si la maldad existe, no se si nos acecha, tal vez sí, no lo sé, ahora dudo hasta de lo que se dice que es bondad, pero se que somos intocables en la medida en que creas serlo, en la medida en que aunque estemos rodeados de peligros invisibles, tu sepas que esas energías que sientes pero no puedes ver, no pueden hacerte daño, porque el amor, aunque energético, no es comestible por entidades del bajo Astral.

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