viernes, 19 de julio de 2019

La Luna es de queso

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Me pregunto por qué nos cuesta tanto trabajo aceptar que hay realidades alternas a la realidad cotidiana que nos rodea. Entiendo que necesitamos un andamiaje solido que nos de seguridad cuando salimos a la calle y que este andamiaje conceptual le da sentido y estructura a nuestra vida, porque sin él, el miedo nos invadiría y sería imposible concentrarnos en  actividades sencillas pero significativas. Qué persona podría ir a trabajar pensando que la van secuestrar extraterrestres, quién podría estudiar tranquilamente con la zozobra de no saber si alguien intentará estrellar un avión en su ventana. Necesitamos seguridad y esta nos la brinda el Estado, él es el garante de la paz y del orden en la sociedad. Entiendo entonces, porque la mayoría de las personas desconfían o se mofan de teorías que apuntan a explicaciones alternativas sobre hechos históricos y comprobables. Dudar es natural porque aceptar, es tanto como renunciar a la seguridad del Estado, o al confort de la Ciencia. No es la falta de pruebas lo que conduce a los ciudadanos a desestimar cualquier tipo de teoría alternativa, es  la necesidad de confiar, de saber que todos actúan de buena fe y por el bien común, lo que hace perpetuar la versión oficial.

Un caso clásico es la llegada del hombre a la Luna. Cómo podría un gobierno engañar así a sus ciudadanos, es demasiado osado. Negar es la respuesta a priori, y no importa si carretadas de incongruencias se ponen en la mesa, siempre los ciudadanos encontraran la forma de contestarlas. Así, la llegada a la Luna significó para los hombres y mujeres que lo vivieron, un paso hacía la modernidad, un parteaguas entre el ayer y el hoy, y el comienzo del mundo futuro. Negar que sucedió es una afrenta a la humanidad, porque son estas referencias lo que nos ha dado identidad. Negarlo, es negarnos a nosotros mismos, fue un evento necesario, una aduana en nuestro destino. Tantos años mirando la Luna desde la Tierra, que ver la Tierra desde la Luna, debió haber sido un momento glorioso, casi poético: el hombre que mira a millones desde el espacio. No, no es fácil cuestionar, porque es cuestionarnos a nosotros también, es preguntarnos quienes somos y de qué somos capaces. Es una incógnita necesaria, un sobreentendido que nos permite seguir la vida felices y confiar, porque si nos ponemos a indagar, por ejemplo, quién mató a John F. Kennedy, o quién está detrás del 11-S, o quién impronta los campos de trigo en Inglaterra, no vamos a llegar a ningún lado. El mundo es como es, como siempre ha sido, por que la vida es una ilusión, un pestañeo.


Así que no importa si no llegamos a la Luna, o si la Luna es de queso, la Luna será siempre fuente de inspiración.