sábado, 21 de septiembre de 2024

Los hackers de la realidad



En fallos en la realidad propuse que muy probablemente la vida es una simulación, que la realidad es una ficción en la cual vida y muerte se intercalan indefinidamente. La muerte sería solo un cambio dimensional que sirve de barrera entre nuestra realidad y el más allá. En realidad, desde este enfoque, el termino muerte ya no tendría sentido, porque muerte significa fin, y no hay nada más lejos de eso. Descarnamos, que no es lo mismo, pasamos de ser una entidad material, a ser una entidad energética, cuya consciencia, (esta información que nos define) no se pierde, continua, y es capaz de se observarse inerte sobre un quirófano, o el lugar de un accidente. El ser que descarna, parece entrar en una dimensión invisible, en donde parece sentirse de maravilla y encuentra otras entidades energéticas que casi siempre pretenden saludarle y ayudarle. En pocos casos estas entidades parecen tener malas intensiones y hacen sentir angustia, soledad o tristeza a los seres descarnados que se las encuentran.

Habría, por lo tanto, un espacio compartido entre ambas dimensiones, una convivencia a nivel temporal, entre entidades materiales y energéticas. Hay evidencia que ambas dimensiones se entrelazan y que de alguna manera, fuerzas energéticas pueden realizar en el mundo material, prodigios. Este contacto suele darse de manera involuntaria o desesperadamente anhelada. Los sensitivos, expresión dada a las personas que pueden comunicarse con entidades energéticas de otra dimensión, parecen tener una capacidad mental innata, que atraviesa la infranqueable barrera dimensional con el más allá, y realizan con sus sentidos, lo que esta vedado a las frecuencias corporales. De esta manera pueden ver lo invisible o escuchar lo inaudible, escudriñar en esa dimensión sin tiempo, lo que ha sucedido o está por suceder, y negociar el bien o el mal del mundo material. Pero no es porque que estos hackers de la realidad tengan poderes sobrenaturales, parece que, desde antiguo, el ser humano se ha dado cuenta que hay una realidad alternativa que lo rodea sin que la vea, y en el infinito progreso del saber, no solo ha descubierto el engaño de la existencia, sino que ha aprendido a burlarlo para sacar provecho de ella. Nada más humano que eso. Pero el ser humano que no posee la llaves de la alquimia para volver lo inmaterial en energía, tiene que recurrir a entidades de orden superior, para rescribir la realidad que nos domina en nuestro contexto terrenal. Dioses, Santos, Vírgenes o Demonios, son nombrados, saludados o exaltados, con tal que hagan de la realidad, algo que como humanos nos resulta imposible concretizar. Los milagros, o pagarés, para ponerlo en términos más terrenales, son trueques, intercambios que por más bondadosos que sean, o mal intencionados que parezcan, tienen siempre la misma moneda de cambio, el sufrimiento, ya sea en nuestra dimensión o, en el más allá. Para nadie es noticia el dolor que infringen a sí mismas las personas que con tal de obtener un favor sobrenatural, un cambio intempestivo en el código de la vida, someten a la materia a un esfuerzo carnal que representa dolor corporal, y ponen en riesgo su existencia. Andar cientos de kilómetros a pie, avanzar de rodillas, azotar la piel hasta dejarla en carne viva, son ejemplos de lo que está dispuesto a hacer la gente por que estas entidades hagan de su realidad, un destino distinto del que dicta la materia. Si eso es lo que están dispuestos a entregar por un cambio bien intencionado, a una entidad energética que entendemos bondadosa; qué podemos esperar que ofrezcan aquellos que están dispuestos a lo que sea, por un cambio radical en su realidad, simplemente por vanidad, venganza o placer corporal, a una entidad de no tan buenas intensiones. El sacrificio es sin duda, el mayor o mejor de los tributos, el sufrimiento del inocente, del indefenso, del que ama. La crucifixión es el mejor ejemplo, haya sucedido o no. La Cruz nos recuerda el máximo sacrificio y aquello con lo que no se puede intercambiar, la vida. Pero los hackers de la realidad, o intermediaros de la felicidad, saben como hacer para ayudarse de entidades energéticas que les colaboren para cumplir deseos y sacar del caos, el mejor provecho.

Cuidado, no creer no te salva, es casi como decir que con un paraguas, no te moja un huracán. Siguiendo el símil, la mejor manera de no mojarse, es alejarse de las nubes de tormenta.