Entonces, los fenómenos sobrenaturales también deben ser estudiados en forma y fondo, en el presente y en el
pasado, y bajo el formalismo de la ciencia, pero con la apertura mental para aceptar que lo material y lo espiritual están vinculados, y que la materia y la energía son dos caras de una misma moneda que define la realidad de manera integral. Por esto, un trabajo que pretenda estudiar
lo sobrenatural, debería analizar si nuestro concepto de vida es correcto y completo. Es pues una
pregunta filosófica que trasciende en si misma los escasos saberes formales que
tenemos. Este estudio debería replantear en primer lugar, la experiencia de
la existencia al trasluz de la dimensionalidad física del universo, donde la
energía deriva en materia y establecer así un marco teórico-contextual de
referencia, que analice de manera general, todo fenómeno considerado paranormal
por la ciencia ortodoxa.
Para
conocer el universo hay que entender la materia, pero para conocer la vida hay
que entender la energía. La vida usa la materia como vehículo para construir
esto que llamamos existencia y no al revés, porque la materia carece de objetivo intrínseco.
Muchos textos sagrados y ancestrales coinciden en que todo viene de la nada,
porque la nada no es vacío, sino energía y que esta es la que dio nacimiento a
nuestro universo, a partir de un punto infinitesimal. La energía, por lo
tanto, antecede a la materia, y esta última es su concreción temporal, su orden
momentáneo, hasta que el caos o entropía la libere otra vez como energía. Es un
ciclo que se va perfeccionando con los años, la energía encuentra los caminos
para hacer de la materia inerte, materia viva que se replique y termine por preguntarse de dónde viene. En ese sentido, lo material sería una
ficción, un disfraz, un vehículo dimensional cuyas formas están delimitadas por
el espacio-tiempo del encuadre universal que las contenga. En nuestro caso, dos
longitudes, un volumen y una línea de tiempo definen las formas y momentos de
la materia, pero no tiene que ser por fuerza así en todos los universos. Habrá
donde haya más longitudes, o donde no haya volumen o temporalidad, eso
depende de las leyes físicas que cada universo posea. Lo que es claro, es
que la energía encontrará la manera de dar forma y perfeccionar la materia en
cada caso. Por ejemplo, un universo puntual, carecería de dimensiones, sería, entonces, un universo lleno de
energía pura, una singularidad cuyas leyes físicas aún escapan a nuestros conocimientos; por otro lado, un universo con dos
longitudes y un volumen, como el nuestro, permitiría a la materia
encapsularse, ser autosustentable y crear vida, sin embargo, bien podría haber un universo de cuatro dimensiones
cuyas consecuencias serían inimaginables, por no decir milagrosas para un ser de nuestra dimensión.
La materia, en este universo pentagrama de tres longitudes y un volumen, tendría la facultad de ocupar el mismo
espacio, al mismo tiempo. Dicho de otro modo, la materia sería una entidad
atemporal y omnipresente, puede estar en cualquier instante de cualquier lugar, sin importar si el espacio ya está ocupado. Una entidad de un universo así en nuestro universo, debería ser
inmortal y podría atravesar la materia, algo así como un ser celestial, demonio o extraterrestre, como prefiera usted
llamar, una entidad de energía pura.
No es casualidad que este pentagrama se utilice en rituales de magia blanca con una punta hacia arriba, si es para hacer el bien y con dos, si es para hacer el mal. Quien utiliza esta esquematización está, sin duda, haciendo referencia a entidades de orden superior, que de alguna manera han logrado establecer contacto con nuestro universo de 3 dimensiones. Para un habitante de un universo sin volumen (un plan-humano), nosotros seriamos como Dios y podríamos ver todo su espacio y tiempo al mismo tiempo, seriamos un espectro, que en su dimensión se vería como una sombra horizontal que se ensancha y se angosta en la medida en que vamos entrando y saliendo de su universo, al igual que un jamón en una cortadora.
En este contexto,
¿podrían existir seres energéticamente más evolucionados y por ende, capaces de
acceder a dimensiones superiores, que puedan interactuar con nosotros y se nos
presenten conforme a nuestra evolución tecnológica y social? Y de existir estos
seres pentadimensionales ¿tendrán buenas
o malas intenciones, nos ayudan o se sirven de nosotros? ¿Podemos nosotros acceder a esa siguiente
dimensión? ¿Es eso lo que llaman ser un ser de luz, un iluminado o un espectro?


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