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sábado, 27 de abril de 2019

Deconstruyendo a Darwin / 2da parte



Deconstruyendo a Darwin es una obra publicada por editorial Dracontos que escribió genialmente Javier Samperio en 2002.


Javier Samperio es un biólogo y genetista, con Doctorado en genética y biología por la Universidad Autónoma de Madrid. Colabora continuamente con el diario El País y ha publicado en Nature.


Este pequeñísimo ensayo complementa, otro ensayo que titulé, Repensando a Darwin, un mes antes que este libro cayera a mis manos. A la luz de tan interesante lectura, me siento con la obligación de regresar sobre mis pasos y reflexionar sobre lo que este autor dice en relación a mis preguntas anteriores.


El objetivo primordial del libro es señalar que aunque la Teoría de Darwin sea la piedra angular sobre la cual se estudia con claridad la evolución de las especies terrestres, esta no es del todo exacta con respecto a  dos hechos fundamentales: la evolución no es forzosamente gradual, ni progresiva; también da brincos aleatorios que no dependen del contexto ambiental, sino que implosionan de la intimidad misma del genoma. La evolución no sería en este sentido, únicamente adaptativa, también sería modular. Es decir que la evolución reutilizaría las estructuras existentes y las reensamblaría para crear nuevas formas de vida.


Samperio señala que en un pasado muy lejano, la primera célula eucariota se habría formado de la integración de tres bacterias preexistentes, (Teoría de la Endosimbiosis Serial de Lyn Margulis). La primera aportó el andamiaje de microtúbulos necesarios, otra añadió ciertas capacidades metabólicas para transformar el alimento en energía, y la última habría aportado lo que hoy llamamos mitocondrias. Hay evidencia de que las bacterias tenían alguno de estos elementos, cada uno por separado. En este caso, la célula no habría evolucionado lentamente de la nada hasta crear estas estructuras, sino que reutilizaría elementos prexistentes, en un suceso excepcional en la historia de la Tierra.


Por otro lado, en la Teoría del Equilibrio Puntuado de Stephen Jay Gould y Niles Elredge se explica que las especies son normalmente estables durante largos periodos de tiempo pero que por razones desconocidas (influencia del medio ambiente, tal vez)  súbitamente evolucionan de golpe. Esto se fundamentaría en el hecho de que no hay evidencias de cambios paulatinos en especies actuales, y por el contrario, si existe evidencia de brincos evolutivos en los registros geológicos.


El punto es sencillo, antes del Periodo Cámbrico, que es cuando aparecen la mayoría de las especies fósiles que poblaron el planeta, hace 10 mil millones de años, no había vida animal, solo células complejas que ya estaban equipadas con una serie de genes Hox, capaces de transformar una pata en  ala, o un tórax en cabeza. Esta aparición repentina de animales en este periodo, se explicaría entonces, por la presencia de este microser precámbrico, padre de todas las  especies existentes hasta nuestros días. Ser que por cierto, se habría formado del proceso de evolución modular arriba mencionado.


Estos dos  argumentos, arriba explicados, serían de fundamental importancia, porque nos dicen cómo pasamos de la vida unicelular a la vida pluricelular. Hasta aquí, la ciencia es capaz de dar una explicación plausible a la evolución de la vida en el planeta, a pesar del fracaso del experimento de la sopa primigenia de Miller y Urley en 1953, que pretendía mostrar que la materia inerte, podía  generar vida. Sobra decir que los científicos no ha sido capaces de explicar qué detonó la vida sobre la Tierra en más de 70 años, ni han sido capaces de replicar este suceso en un laboratorio. Pero Samperio se pregunta: ¿Cómo puede ser que ante un problema tan complejo, como la creación del primer microrganismo, la naturaleza no haya contribuido con numerosísimas soluciones, sin haber dejado la mínima huella? Si ese ser ya tenía el mismo código genético que evolucionó hasta hoy, (código que por cierto no es simple,  ya que tiene 20 proteínas y 20 genes) ¿En dónde está y cómo carambas se formó?

Antes de responder, tengo que decir que Sir. Francis Crick es el descubridor de una de las mayores aportaciones a la humanidad; la doble hélice del ADN responsable de que las células hagan copias de sí mismas (Por este hecho le dieron el Premio Nobel de Medicina). Crick dedujo que el código genético estaba compuesto por tres elementos o letras, que a su vez formaban palabras, sin comas y con sentido. Él mismo postuló, en un ejercicio puramente intelectual, que el código genético debía basarse en una serie de adaptadores hechos de ARN, los cuales fueron descubiertos muchos años después, así como las letras de las proteínas en los aminoácidos, que él también mencionó. 


Bueno, pues este genio de la biología y la genética, propuso en 1971 la Teoría de la Panspermia Dirigida, que  explicaba que la vida tuvo que haber llegado a la Tierra de los confines del universo exprofeso. Dos ideas fundamentaron tan descabellada teoría; la primera: la uniformidad del código genético; la segunda: la edad del Universo, tres veces superior a la de la Tierra, permitiendo que en otras latitudes, la vida hubiera evolucionado el tiempo suficiente para luego reproducirla aquí.


La menor de las objeciones diría que esto es un "sin sentido", sin embargo otros más mesurados, han rebatido que tal teoría desplaza el problema un paso atrás, ya que ahora habría que preguntarnos en qué lugar se generó la vida que llegó a la Tierra. Sin embargo, que se desplace hacia otro lado el problema cambia el objetivo radicalmente, como señala Samperio en su libro, porque entonces puede ser que en otro planeta, si existieran las condiciones necesarias para la creación espontanea de la vida; evidencias, que por cierto, en la Tierra no se han descubierto, ni han podido ser satisfactoriamente reproducidas en laboratorios.


El Dr. Crick argumentó en favor de la Panspermia Dirigida (Inteligencias no terrestres en persona depositaron aquí la vida) en primer lugar porque entendió que las malas condiciones en el espacio exterior harían imposible el viaje de los elementos básicos para la vida en un meteorito; y en segundo lugar, porque sus conocimientos en genética le hicieron ver que ante las evidencias, era imposible que la vida compleja hubiera  surgido de la nada, pensó que si la evolución es modular, necesita de elementos prefabricados para que se pueda dar, módulos que debieron aparecer mucho antes de este primer ser y deben de haber dejado rastros en todas partes del orbe, mostrando no solo un camino, sino decenas de ellos, hasta dar con ese microrganismo del Genesis.


¿Lo sobrenatural es natural? Primera Parte





Lo paranormal es algo tan complejo como la realidad misma y para hablar de ello es necesario mirar desde una perspectiva muy amplia, porque son tan variados los casos y tan antiguos, que de nada sirve hablar de ellos como sucesos aislados, sin tomar en cuenta los vínculos que los unen. Es decir, a pesar de que aparentemente no hay relación, entre distintos sucesos sobrenaturales, en realidad estaríamos hablando de una fenomenología global cuya explicación es la misma. Por supuesto, hay que partir de la premisa que estos fenómenos son reales para el observador, ósea, que no son alucinaciones, ni embustes, ni productos de una mente enferma. Son eventos registrados, procesados y comunicados por una persona sana, sin otro interés que trasmitir de buena fe, el fenómeno que vivió. Y aunque vivimos en un mundo definitivamente mentiroso, debe haber buenas conciencias que digan la verdad. Si al menos, de entre estas miles de historias registradas desde la antigüedad, hay algunas verdaderas, deberíamos replantearnos lo que consideramos realidad. La realidad depende de nuestra capacidad cerebral para interpretar y procesar, cabalmente, las señales que reciben nuestros cerebros de los sentidos. El tan citado "sentido común" se queda corto, porque ni nuestros sentidos captan todo, ni nuestro cerebro puede procesar todas los datos que recibe. La lógica del sentido común es meramente un hecho estadístico, es lo que la mayoría identifica como coherente y esperable; pero ejemplos como el experimento de la doble rendija, el fenómeno de la interconexión cuántica, o el principio de incertidumbre de Heisenberg; son evidencias flagrantes de que, a nivel cuántico, el sentido común no funciona. En el fondo, solo vemos e interpretamos a nuestra conveniencia, aquello que sirve para subsistir y toda aquella información que nos aleje de la supervivencia es desechada o pasada por alto.

Entonces, los fenómenos sobrenaturales también deben  ser estudiados en forma y fondo, en el presente y en el pasado, y bajo el formalismo de la ciencia, pero con la apertura mental para aceptar que lo material y lo espiritual están vinculados, y que la materia y la energía son dos caras de una misma moneda que define la realidad de manera integral. Por esto, un trabajo que pretenda estudiar lo sobrenatural, debería analizar si nuestro concepto de vida es correcto y completo. Es pues una pregunta filosófica que trasciende en si misma los escasos saberes formales que tenemos. Este estudio debería replantear en primer lugar, la experiencia de la existencia al trasluz de la dimensionalidad física del universo, donde la energía deriva en materia y establecer así un marco teórico-contextual de referencia, que analice de manera general, todo fenómeno considerado paranormal por la ciencia ortodoxa.

Para conocer el universo hay que entender la materia, pero para conocer la vida hay que entender la energía. La vida usa la materia como vehículo para construir esto que llamamos existencia y no al revés, porque la materia carece de objetivo intrínseco. Muchos textos sagrados y ancestrales coinciden en que todo viene de la nada, porque la nada no es vacío, sino energía y que esta es la que dio nacimiento a nuestro universo, a partir de un punto infinitesimal. La energía, por lo tanto, antecede a la materia, y esta última es su concreción temporal, su orden momentáneo, hasta que el caos o entropía la libere otra vez como energía. Es un ciclo que se va perfeccionando con los años, la energía encuentra los caminos para hacer de la materia inerte, materia viva que se replique y termine por preguntarse de dónde viene. En ese sentido, lo material sería una ficción, un disfraz, un vehículo dimensional cuyas formas están delimitadas por el espacio-tiempo del encuadre universal que las contenga. En nuestro caso, dos longitudes, un volumen y una línea de tiempo definen las formas y momentos de la materia, pero no tiene que ser por fuerza así en todos los universos. Habrá donde haya más longitudes, o donde no haya volumen o temporalidad, eso depende de las leyes físicas que cada universo posea. Lo que es claro, es que la energía encontrará la manera de dar forma y perfeccionar la materia en cada caso. Por ejemplo, un universo puntual, carecería de dimensiones, sería, entonces, un universo lleno de energía pura, una singularidad cuyas leyes físicas aún escapan a nuestros conocimientos; por otro lado, un universo con dos longitudes y un volumen, como el nuestro, permitiría a la materia encapsularse, ser autosustentable y crear vida, sin embargo, bien podría haber un universo de cuatro dimensiones cuyas consecuencias serían inimaginables, por no decir milagrosas para un ser de nuestra dimensión. La materia, en este universo pentagrama de tres longitudes y un volumen, tendría la facultad de ocupar el mismo espacio, al mismo tiempo. Dicho de otro modo, la materia sería una entidad atemporal y omnipresente, puede estar en cualquier instante de cualquier lugar, sin importar si el espacio ya está ocupado. Una entidad de un universo así en nuestro universo, debería ser inmortal y podría atravesar la materia, algo así como un ser celestial, demonio o extraterrestre, como prefiera usted llamar, una entidad de energía pura.


No es casualidad que este pentagrama se utilice en rituales de magia blanca con una punta hacia arriba, si es para hacer el bien y con dos, si es para hacer el mal. Quien utiliza esta esquematización está, sin duda, haciendo referencia a entidades de orden superior, que de alguna manera han logrado establecer contacto con nuestro universo de 3 dimensiones. Para un habitante de un universo sin volumen (un plan-humano), nosotros seriamos como Dios y podríamos ver todo su espacio y tiempo al mismo tiempo, seriamos un espectro, que en su dimensión se vería como una sombra horizontal que se ensancha y se angosta en la medida en que vamos entrando y saliendo de su universo, al igual que un jamón en una cortadora.


Así que ¿De qué hablamos exactamente cuando decimos que vimos fantasmas, seres sombra o alienígenas? ¿Con quién tratamos exactamente? ¿Es el mismo fenómeno, con presentaciones distintas?  ¿Es acaso otro tipo de evolución de la energía? y en este tenor ¿La muerte es, entonces, un portal que devuelve la energía a su estado atemporal, e inmaterial? ¿La muerte es pues una trampa, un bucle temporal del cual algunas almas o energías no pueden escapar? 


En este contexto, ¿podrían existir seres energéticamente más evolucionados y por ende, capaces de acceder a dimensiones superiores, que puedan interactuar con nosotros y se nos presenten conforme a nuestra evolución tecnológica y social? Y de existir estos seres pentadimensionales ¿tendrán buenas o malas intenciones, nos ayudan o se sirven de nosotros?  ¿Podemos nosotros acceder a esa siguiente dimensión? ¿Es eso lo que llaman ser un ser de luz, un iluminado o un espectro?