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sábado, 27 de abril de 2019

¿Lo sobrenatural es natural? Primera Parte





Lo paranormal es algo tan complejo como la realidad misma y para hablar de ello es necesario mirar desde una perspectiva muy amplia, porque son tan variados los casos y tan antiguos, que de nada sirve hablar de ellos como sucesos aislados, sin tomar en cuenta los vínculos que los unen. Es decir, a pesar de que aparentemente no hay relación, entre distintos sucesos sobrenaturales, en realidad estaríamos hablando de una fenomenología global cuya explicación es la misma. Por supuesto, hay que partir de la premisa que estos fenómenos son reales para el observador, ósea, que no son alucinaciones, ni embustes, ni productos de una mente enferma. Son eventos registrados, procesados y comunicados por una persona sana, sin otro interés que trasmitir de buena fe, el fenómeno que vivió. Y aunque vivimos en un mundo definitivamente mentiroso, debe haber buenas conciencias que digan la verdad. Si al menos, de entre estas miles de historias registradas desde la antigüedad, hay algunas verdaderas, deberíamos replantearnos lo que consideramos realidad. La realidad depende de nuestra capacidad cerebral para interpretar y procesar, cabalmente, las señales que reciben nuestros cerebros de los sentidos. El tan citado "sentido común" se queda corto, porque ni nuestros sentidos captan todo, ni nuestro cerebro puede procesar todas los datos que recibe. La lógica del sentido común es meramente un hecho estadístico, es lo que la mayoría identifica como coherente y esperable; pero ejemplos como el experimento de la doble rendija, el fenómeno de la interconexión cuántica, o el principio de incertidumbre de Heisenberg; son evidencias flagrantes de que, a nivel cuántico, el sentido común no funciona. En el fondo, solo vemos e interpretamos a nuestra conveniencia, aquello que sirve para subsistir y toda aquella información que nos aleje de la supervivencia es desechada o pasada por alto.

Entonces, los fenómenos sobrenaturales también deben  ser estudiados en forma y fondo, en el presente y en el pasado, y bajo el formalismo de la ciencia, pero con la apertura mental para aceptar que lo material y lo espiritual están vinculados, y que la materia y la energía son dos caras de una misma moneda que define la realidad de manera integral. Por esto, un trabajo que pretenda estudiar lo sobrenatural, debería analizar si nuestro concepto de vida es correcto y completo. Es pues una pregunta filosófica que trasciende en si misma los escasos saberes formales que tenemos. Este estudio debería replantear en primer lugar, la experiencia de la existencia al trasluz de la dimensionalidad física del universo, donde la energía deriva en materia y establecer así un marco teórico-contextual de referencia, que analice de manera general, todo fenómeno considerado paranormal por la ciencia ortodoxa.

Para conocer el universo hay que entender la materia, pero para conocer la vida hay que entender la energía. La vida usa la materia como vehículo para construir esto que llamamos existencia y no al revés, porque la materia carece de objetivo intrínseco. Muchos textos sagrados y ancestrales coinciden en que todo viene de la nada, porque la nada no es vacío, sino energía y que esta es la que dio nacimiento a nuestro universo, a partir de un punto infinitesimal. La energía, por lo tanto, antecede a la materia, y esta última es su concreción temporal, su orden momentáneo, hasta que el caos o entropía la libere otra vez como energía. Es un ciclo que se va perfeccionando con los años, la energía encuentra los caminos para hacer de la materia inerte, materia viva que se replique y termine por preguntarse de dónde viene. En ese sentido, lo material sería una ficción, un disfraz, un vehículo dimensional cuyas formas están delimitadas por el espacio-tiempo del encuadre universal que las contenga. En nuestro caso, dos longitudes, un volumen y una línea de tiempo definen las formas y momentos de la materia, pero no tiene que ser por fuerza así en todos los universos. Habrá donde haya más longitudes, o donde no haya volumen o temporalidad, eso depende de las leyes físicas que cada universo posea. Lo que es claro, es que la energía encontrará la manera de dar forma y perfeccionar la materia en cada caso. Por ejemplo, un universo puntual, carecería de dimensiones, sería, entonces, un universo lleno de energía pura, una singularidad cuyas leyes físicas aún escapan a nuestros conocimientos; por otro lado, un universo con dos longitudes y un volumen, como el nuestro, permitiría a la materia encapsularse, ser autosustentable y crear vida, sin embargo, bien podría haber un universo de cuatro dimensiones cuyas consecuencias serían inimaginables, por no decir milagrosas para un ser de nuestra dimensión. La materia, en este universo pentagrama de tres longitudes y un volumen, tendría la facultad de ocupar el mismo espacio, al mismo tiempo. Dicho de otro modo, la materia sería una entidad atemporal y omnipresente, puede estar en cualquier instante de cualquier lugar, sin importar si el espacio ya está ocupado. Una entidad de un universo así en nuestro universo, debería ser inmortal y podría atravesar la materia, algo así como un ser celestial, demonio o extraterrestre, como prefiera usted llamar, una entidad de energía pura.


No es casualidad que este pentagrama se utilice en rituales de magia blanca con una punta hacia arriba, si es para hacer el bien y con dos, si es para hacer el mal. Quien utiliza esta esquematización está, sin duda, haciendo referencia a entidades de orden superior, que de alguna manera han logrado establecer contacto con nuestro universo de 3 dimensiones. Para un habitante de un universo sin volumen (un plan-humano), nosotros seriamos como Dios y podríamos ver todo su espacio y tiempo al mismo tiempo, seriamos un espectro, que en su dimensión se vería como una sombra horizontal que se ensancha y se angosta en la medida en que vamos entrando y saliendo de su universo, al igual que un jamón en una cortadora.


Así que ¿De qué hablamos exactamente cuando decimos que vimos fantasmas, seres sombra o alienígenas? ¿Con quién tratamos exactamente? ¿Es el mismo fenómeno, con presentaciones distintas?  ¿Es acaso otro tipo de evolución de la energía? y en este tenor ¿La muerte es, entonces, un portal que devuelve la energía a su estado atemporal, e inmaterial? ¿La muerte es pues una trampa, un bucle temporal del cual algunas almas o energías no pueden escapar? 


En este contexto, ¿podrían existir seres energéticamente más evolucionados y por ende, capaces de acceder a dimensiones superiores, que puedan interactuar con nosotros y se nos presenten conforme a nuestra evolución tecnológica y social? Y de existir estos seres pentadimensionales ¿tendrán buenas o malas intenciones, nos ayudan o se sirven de nosotros?  ¿Podemos nosotros acceder a esa siguiente dimensión? ¿Es eso lo que llaman ser un ser de luz, un iluminado o un espectro?