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viernes, 22 de mayo de 2020

¿Lo sobrenatural es natural? Segunda Parte



¿Qué es exactamente lo que describen nuestros sentidos? ¿Podemos estar seguros que lo que olemos, probamos, tocamos o vemos? ¿Es la realidad, la única realidad, o solo una parte?

Esta reflexión no es nueva, ya los griegos imaginaban la realidad como las sombras que crean las manos de un ser que se interpone a la luz de una fogata en la pared de una caverna. Es decir, la realidad se nos escapa como agua entre las manos, jamás estamos en contacto con los hechos directos, sino que estos son resultado de la recepción limitada o necesaria de nuestros sentidos y del procesamiento de nuestra estructura neuronal. En pocas palabras, hay limitantes tanto en el hardware (los sentidos) como en el software (las redes neuronales) que poseemos todos los seres vivos de este planeta para interpretar y procesar las interacciones con el medio que nos rodea.

Sin duda, es el mismo medio ambiente el que define la realidad conforme a las necesidades vitales que nos delimitan. Priorizamos lo que nos permite subsistir y reproducirnos. La evolución de cada especie elije el tipo de sensores necesarios para nutrirse, evitar el peligro y reproducirse; y desarrolla un pensamiento adecuado para que la interpretación de esta información los haga acercarse o alejarse, huir o conquistar. De la eficiencia de esta simbiosis  dependerá la supervivencia de cada especie en el planeta, en tanto que los cambios en el medio no sean brutales.

Por lo tanto, la realidad que percibimos no es objetiva, y nos esconde los elementos innecesarios a la sobrevivencia. Por ejemplo, de una larga gama de frecuencias visibles que son medibles en la naturaleza, los seres humanos solo captan e interpretan un corto segmento, dejando de lado frecuencias muy bajas o muy altas que otras especies animales si pueden captar, como el infrarrojo que permite a las serpientes ver el calor de sus presas. La explicación es simple, en la naturaleza no hay superpoderes porque los recursos son limitados y por economía, se priorizan los sistemas más eficientes para desarrollar en armonía el sofware y el hardware adecuados.

No hay una realidad, hay tantas como mentes  la observan, "la razón y la sensatez" son una mera cuestión de estadifica, porque aunque el color rojo varíe de una persona a otra por problemas visuales o mentales, hay un margen de error silenciosamente consensuado, para no considerarlo enfermedad o deficiencia mental, véase locura.

Algunas de las experiencias que consideramos paranormales e irreconciliables con la realidad, podrían encontrar su explicación en lo antes mencionado y no en diagnósticos simplistas que acusan de mentirosos o locos a quien se atreve a diferir de la estadística. ¿Quién puede asegurar que algunos seres humanos no tienen capacidades distintas a las del promedio? me pregunto yo. ¿Quién puede decir qué es lo que hay detrás de la cortina invisible de la realidad y definir qué elementos son verdaderos y cuales no? En realidad, creo que hay intereses que pugnan por la estandarización de lo que debemos llamar normal y real, so pretexto de mantener un estatus-quo conveniente y una convivencia domada y obediente.

En nuestra realidad también existen elementos inmateriales, esencias invisibles que nos rodean por todos lados y en todo tiempo; entidades que conviven con nuestra realidad y utilizan elementos físicos de nuestro medio ambiente para entrar en contacto con nosotros, para acercarse a nuestros sentidos y dar testimonio de que la realidad se extiende más allá de lo material. Los "mal" llamados sensitivos, nos hablan de un mundo de consciencias incorpóreas, de seres pluridimensionales, de arcontes, de entidades que desde la noche de los tiempos, centenas de culturas han descrito como espíritus. Hoy, a diferencia de las leyendas de antaño, hay sobradas e innegables evidencias de objetos que se desplazan solos, de sombras o luces que flotan en la nada, de voces que hablan en el vacío y dejan mensajes precisos. La física que conocemos está inconclusa, pero estoy convencido de que tarde o temprano, podremos dar cuenta de estas realidades cuya física es aún inexplicable para nosotros. En un gran numero de casos queda claro que no son supercherías, ni gente que quiere sacar beneficios personales, sino gente bien intencionada que, capta por vía mental o tecnológica, experiencias paranormales de entidades esforzadas por entrar en contacto con ellos.

En "Las Puertas de la Percepción", Aldus Huxley juega con la idea de que la mezcalina no produce una alucinación, sino que conecta una serie de redes neuronales que al encenderse dan pie a ciertas interpretaciones mentales sobre la realidad, que lejos de ser errónea es, por el contrario, realista y sin correcciones, bruta, sin que una mente "sana" pueda esculpirla y presentarla coherentemente. La realidad presentada tal cual es, sin el filtro interpretativo de la mente consciente, seria insoportable, llena de información formidable, pero igualmente inoperante para nuestras actividades diarias. Las plantas respiran, los colores tienen tonos desconocidos, los animales se comunican, lo solido es blando, la vida es intensa y rica de detalles que nunca vemos. En un mundo así jamás habría progreso porque viviríamos presos de una ensoñación alucinante, de una constante observación de los mínimos detalles, en donde producir seria lo menos importante, todos tendríamos el síndrome del savant, del autista, que es capaz de captar todo, de memorizar todo, sin establecer relaciones de sentido. Ahora pienso en los bebés que al nacer pueden tener acceso a realidades distintas a las nuestras, gracias a sus redes neuronales en formación (o deformación), que con el paso del tiempo se van moldeando hasta que el niño termina por ver la misma realidad que ven sus padres. No son pocas las historias cuyo punto en común es la capacidad extrasensorial de los infantes que dicen ver o tener contacto con entidades invisibles para los ojos adultos. Inocencia, alucinación o capacidades mentales superiores que con el crecimiento se pierden al conectar las vías que te vuelven un ser social y desconectar aquellas que no son procuradas en su contexto vital.

Que cada quien crea y piense lo que quiera, pero las evidencias están en la mesa y nos describen una realidad, cuando menos inconclusa que ante la falta de elementos de investigación, se descarta. Seguramente a finales de este siglo, se podrá explicar, entender y hasta procurar.



sábado, 27 de abril de 2019

¿Lo sobrenatural es natural? Primera Parte





Lo paranormal es algo tan complejo como la realidad misma y para hablar de ello es necesario mirar desde una perspectiva muy amplia, porque son tan variados los casos y tan antiguos, que de nada sirve hablar de ellos como sucesos aislados, sin tomar en cuenta los vínculos que los unen. Es decir, a pesar de que aparentemente no hay relación, entre distintos sucesos sobrenaturales, en realidad estaríamos hablando de una fenomenología global cuya explicación es la misma. Por supuesto, hay que partir de la premisa que estos fenómenos son reales para el observador, ósea, que no son alucinaciones, ni embustes, ni productos de una mente enferma. Son eventos registrados, procesados y comunicados por una persona sana, sin otro interés que trasmitir de buena fe, el fenómeno que vivió. Y aunque vivimos en un mundo definitivamente mentiroso, debe haber buenas conciencias que digan la verdad. Si al menos, de entre estas miles de historias registradas desde la antigüedad, hay algunas verdaderas, deberíamos replantearnos lo que consideramos realidad. La realidad depende de nuestra capacidad cerebral para interpretar y procesar, cabalmente, las señales que reciben nuestros cerebros de los sentidos. El tan citado "sentido común" se queda corto, porque ni nuestros sentidos captan todo, ni nuestro cerebro puede procesar todas los datos que recibe. La lógica del sentido común es meramente un hecho estadístico, es lo que la mayoría identifica como coherente y esperable; pero ejemplos como el experimento de la doble rendija, el fenómeno de la interconexión cuántica, o el principio de incertidumbre de Heisenberg; son evidencias flagrantes de que, a nivel cuántico, el sentido común no funciona. En el fondo, solo vemos e interpretamos a nuestra conveniencia, aquello que sirve para subsistir y toda aquella información que nos aleje de la supervivencia es desechada o pasada por alto.

Entonces, los fenómenos sobrenaturales también deben  ser estudiados en forma y fondo, en el presente y en el pasado, y bajo el formalismo de la ciencia, pero con la apertura mental para aceptar que lo material y lo espiritual están vinculados, y que la materia y la energía son dos caras de una misma moneda que define la realidad de manera integral. Por esto, un trabajo que pretenda estudiar lo sobrenatural, debería analizar si nuestro concepto de vida es correcto y completo. Es pues una pregunta filosófica que trasciende en si misma los escasos saberes formales que tenemos. Este estudio debería replantear en primer lugar, la experiencia de la existencia al trasluz de la dimensionalidad física del universo, donde la energía deriva en materia y establecer así un marco teórico-contextual de referencia, que analice de manera general, todo fenómeno considerado paranormal por la ciencia ortodoxa.

Para conocer el universo hay que entender la materia, pero para conocer la vida hay que entender la energía. La vida usa la materia como vehículo para construir esto que llamamos existencia y no al revés, porque la materia carece de objetivo intrínseco. Muchos textos sagrados y ancestrales coinciden en que todo viene de la nada, porque la nada no es vacío, sino energía y que esta es la que dio nacimiento a nuestro universo, a partir de un punto infinitesimal. La energía, por lo tanto, antecede a la materia, y esta última es su concreción temporal, su orden momentáneo, hasta que el caos o entropía la libere otra vez como energía. Es un ciclo que se va perfeccionando con los años, la energía encuentra los caminos para hacer de la materia inerte, materia viva que se replique y termine por preguntarse de dónde viene. En ese sentido, lo material sería una ficción, un disfraz, un vehículo dimensional cuyas formas están delimitadas por el espacio-tiempo del encuadre universal que las contenga. En nuestro caso, dos longitudes, un volumen y una línea de tiempo definen las formas y momentos de la materia, pero no tiene que ser por fuerza así en todos los universos. Habrá donde haya más longitudes, o donde no haya volumen o temporalidad, eso depende de las leyes físicas que cada universo posea. Lo que es claro, es que la energía encontrará la manera de dar forma y perfeccionar la materia en cada caso. Por ejemplo, un universo puntual, carecería de dimensiones, sería, entonces, un universo lleno de energía pura, una singularidad cuyas leyes físicas aún escapan a nuestros conocimientos; por otro lado, un universo con dos longitudes y un volumen, como el nuestro, permitiría a la materia encapsularse, ser autosustentable y crear vida, sin embargo, bien podría haber un universo de cuatro dimensiones cuyas consecuencias serían inimaginables, por no decir milagrosas para un ser de nuestra dimensión. La materia, en este universo pentagrama de tres longitudes y un volumen, tendría la facultad de ocupar el mismo espacio, al mismo tiempo. Dicho de otro modo, la materia sería una entidad atemporal y omnipresente, puede estar en cualquier instante de cualquier lugar, sin importar si el espacio ya está ocupado. Una entidad de un universo así en nuestro universo, debería ser inmortal y podría atravesar la materia, algo así como un ser celestial, demonio o extraterrestre, como prefiera usted llamar, una entidad de energía pura.


No es casualidad que este pentagrama se utilice en rituales de magia blanca con una punta hacia arriba, si es para hacer el bien y con dos, si es para hacer el mal. Quien utiliza esta esquematización está, sin duda, haciendo referencia a entidades de orden superior, que de alguna manera han logrado establecer contacto con nuestro universo de 3 dimensiones. Para un habitante de un universo sin volumen (un plan-humano), nosotros seriamos como Dios y podríamos ver todo su espacio y tiempo al mismo tiempo, seriamos un espectro, que en su dimensión se vería como una sombra horizontal que se ensancha y se angosta en la medida en que vamos entrando y saliendo de su universo, al igual que un jamón en una cortadora.


Así que ¿De qué hablamos exactamente cuando decimos que vimos fantasmas, seres sombra o alienígenas? ¿Con quién tratamos exactamente? ¿Es el mismo fenómeno, con presentaciones distintas?  ¿Es acaso otro tipo de evolución de la energía? y en este tenor ¿La muerte es, entonces, un portal que devuelve la energía a su estado atemporal, e inmaterial? ¿La muerte es pues una trampa, un bucle temporal del cual algunas almas o energías no pueden escapar? 


En este contexto, ¿podrían existir seres energéticamente más evolucionados y por ende, capaces de acceder a dimensiones superiores, que puedan interactuar con nosotros y se nos presenten conforme a nuestra evolución tecnológica y social? Y de existir estos seres pentadimensionales ¿tendrán buenas o malas intenciones, nos ayudan o se sirven de nosotros?  ¿Podemos nosotros acceder a esa siguiente dimensión? ¿Es eso lo que llaman ser un ser de luz, un iluminado o un espectro?